Germinar nuestros cereales, legumbres y semillas nos ayuda enormemente, tanto en el aumento de nutrientes que se conseguirán del alimento germinado como en la asimilación de ellos. La alta digestibilidad de los germinados, hace que alimentos más pesados como las legumbres se tornen más livianos, deshaciéndonos de las molestias que éstos suelen provocar, en parte, producidos por los antinutrientes que contienen estando secos (como los adquirimos en el mercado)

Los germinados podemos introducirlos en nuestros platos de dos formas:

  1. Germinando semillas para comerlos crudos en ensaladas y tostadas como por ejemplo: rúcula, brócoli, rabanitos, trébol verde, mostaza, alfalfa o cebolla
  2. Germinando cereales y legumbres antes de cocinarlos: garbanzos, lentejas, azukis, alubias, quinoa, arroz integral y trigo sarraceno

¿Qué son los antinutrientes?

Así como los alimentos contienen nutrientes, es decir, substancias que nutren al organismo, también todos ellos contienen cierta cantidad de anti-nutrientes, es decir, substancias que no nutren (o toxifican) al organismo.
Los anti-nutrientes que existen en las semillas (granos de cereales, granos de legumbres, frutos secos), hojas, raíces y flores de las plantas, tienen la finalidad de evitar que los depredadores se las coman y actúan como mecanismo de autoprotección para no ser destruidas en la digestión en caso que sean comidas. También evitan la germinación prematura de las semillas.

Los antinutrientes son sustancias que si bien protegen a las semillas o cereales de insectos, hongos, plagas y permiten garantizar las condiciones para que la semilla germine; pueden producir diversos problemas nutricionales y de salud al ser humano que las consume regularmente, ya que disminuyen o impiden nuestra capacidad para asimilar los nutrientes del propio alimento o de otros, contribuyen a que las digestiones sean más lentas y pesadas, y si hay debilidad digestiva aparecerán hinchazones abdominales, molestias, flatulencias y/o irregularidad intestinal.
Entre los antinutrientes, encontramos al ácido fítico, oxalatos, taninos, inhibidores enzimáticos, lectinas y gluten, entre otros.

¿Cómo puedo neutralizarlos?

El primer método es el remojo. Eso que hacían nuestras abuelas y algunas de nuestras madres antes de cocinar el arroz o las legumbres.

Dejar en remojo el día previo al cocinado. El remojo va desde las 8  a las 24 horas, dependiendo del tamaño del cereal o legumbre. Si es quinoa, mijo o trigo sarraceno con remojar 8 horas será suficiente. Si hablamos de garbanzos, azukis, guisantes, alubias deberemos dejarlos 24horas en agua.

De esta manera estamos ‘despertando’ a la semilla o grano. Ella recibe la información de que empieza el momento de comenzar a crecer y en el mismo proceso de ‘despertar’ va desactivando estos antinutrientes.

Otro método a rescatar es la germinación. Luego de 4 días de germinación, los garbanzos pierden el 70% de antinutrientes y las lentejas el 60%.
Remojar y germinar las legumbres antes de cocinarlas, reduce considerablemente el contenido de toxinas y aumenta significativamente el contenido de vitaminas B2, B5, B6, C y enzimas.

Si bien con el proceso de cocinado, se pierden algunas de ellas, el beneficio que se obtiene es mayor puesto que el proceso de germinación actúa como un pre-digerido y hace que el alimento a cocinar esté más integral, más completo y más preparado para nuestro sistema orgánico.

Comer germinados es comer vida en su más alta calidad, si le aplicamos a nuestra comida un poquito de nuestro tiempo, atención y dedicación, ella nos lo devuelve en vitalidad, alegría y nutrición de calidad.

Salud!