En otoño, la piel y las mucosas tienden a estar más secas, se nos cae más el pelo, y nuestro sistema inmune busca balancearse con el entorno de otra manera.

De ahí que puedas sentirte emocionalmente inestable o con menos energía. Lo que actualmente llamamos astenia otoñal.

La tendencia a coger resfriados y afecciones de las vías respiratorias es mayor y buscamos protegernos y fortalecernos a través de diversos elementos, siendo los más comunes el própolis, la miel, la equinácea, el polen y la jalea real.

Éstos nos ayudarán a mantener la correcta humedad en los pulmones junto con el jengibre… PERO!  → Déjame decirte el elemento fundamental y protagonista del otoño: La flora bacteriana.

♦♦Si tener una microflora balanceada es importante siempre, en este momento del año es especialmente adecuado asegurar el correcto funcionamiento de ella a través de la ingesta de probióticos y prebióticos♦♦

La microflora es la organización bacteriana no patógena donde se gestiona la mayor parte de nuestro sistema inmunológico y nuestro estado de ánimo.

En definitiva: nuestra capacidad de confrontación de lo externo

Miles de microorganismos deben convivir en nuestro intestino para:

1. Promover la síntesis de vitaminas, minerales y otras sustancias esenciales.
2. Ejercitar un efecto defensivo y de barrera, controlando la proliferación de los agentes patógenos externos como parásitos, virus, bacterias y hongos.
3. Ejercitar una acción protectora sobre la mucosa intestinal y favorecer así la evacuación de residuos tóxicos.
4. Desarrollar una acción preventiva .
5. Destruir componentes tóxicos presentes en los alimentos
6. Sintetizar sustancias con acción antibiótica que controlan la misma microflora
7. Controlar la motilidad y la forma del canal intestinal.
9. Mantener un adecuado pH intestinal.
10. Estimular el metabolismo de los ácidos biliares
11. Fabricación y gestión de neurotransmisores, hormonas y otras sustancias bioquímicas que influyen en el carácter, el estado mental y de ánimo.

 

Si tienes:
1. Tendencia a enfermar
2. Inflamación intestinal, estreñimiento, cólicos, gases y problemas digestivos y/o intestinales
3. Intolerancias/ alergias alimentarias
4. Insomnio, estados de ánimo alterados, hiperreactividad, ansiedad
5. Deficiencias nutricionales, valores vitamínicos alterados, falta de hierro, calcio, etc.
6. Depresión, apatía, falta de entusiasmo, falta de energía

Balancear tu flora te puede beneficiar enormemente

Puedes empezar por:

  1. Comer chucrut fresco no pasteurizado
  2. Añadir miso a tus caldos y sopas
  3. Hacerte con un kéfir de agua y beber un vasito en ayunas cada mañana

*Si hay problemas elevados de alteración de flora, hace falta corregirlos en un estudio personalizado y adaptado al caso específico.

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¡Salud!